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La versión vietnamita de la festividad (de origen chino) relata la leyenda de Chu Cuoi, un hombre joven que encontró un árbol mágico con el poder de curar enfermedades. Se lo llevó a casa y lo plantó en su jardín. Un hombre sabio le dijo que debía regarlo únicamente con agua pura. Cuando su esposa, Chi Hang, le echó agua sucia accidentalmente, el árbol comenzó a elevarse hacia el cielo. Chu Coi, en un intento de retenerlo, se agarró fuertemente a sus raíces y acabó siendo arrastrado hasta la Luna junto al árbol sagrado. Se dice que en los días de luna llena, especialmente durante este festival, todavía se le puede ver sentado en la base de su árblo mágico, soñando con vivir en la tierra. Es por ello que los niños recorren las calles con farolillos para mostrar a Chu Cuoi el camino a la Tierra. 


Otra versión cuenta que fué su mujer quien fue enviada a la luna como castigo.
La carpa es un símbolo común durante este festival, otro cuento habla de una carpa que quería llegar a ser un dragón. La carpa trabajó duramente hasta que finalmente se transformó en dragón (Cá hóa Rông), una lección para animar a los niños que pueden hacer lo que se propongan si se esfuerzan. Hoy en día, este festival, aparte de fomentar el cariño a los niños, promueve la educación, la poesía, la danza, las artes y la artesanía.




En tiempos antiguos, una joven huérfana vivía en una pequeña aldea. Sus padres habían muerto unos años antes, y ella tuvo que cargar con una enorme deuda con el señor pueblo que no podía pagar.
Así que, en lugar de dinero contante y sonante, el señor obligó a la chica a ser su criada. El tiempo pasó y la niña creció convirtiéndose en una mujer sana, pero no especialmente bonita. Cuando cumplió 18 años, adquirió un extraño cutis de color negro. Ella se sentía avergonzada por esto y prefería quedarse en su choza de paja antes que salir y hablar con la gente.
Un día, en su camino hacia el pozo del pueblo para coger un poco de agua, se encontró con una anciana vestida con harapos, con un aspecto sucio y que desprendía un olor extraño, bastante desagradable.
La mujer estaba pidiendo a los habitantes del pueblo un poco de agua, pero su apariencia y olor disuadía a cualquiera a ayudarla. La muchacha se compadeció de la anciana, llenó su cubo con agua de pozo y se lo ofreció.
La anciana le dio las gracias, pero luego se desmayó de repente. La joven intentó de nuevo ayudarla, y cuando la anciana despertó, le dijo que tenía hambre.
A pesar de que todo lo que tenía era una pequeña porción de arroz al vapor, se lo ofreció a la anciana. Esta se lo comió, y para sorpresa de la chica se convirtió en una brillante hada.
"Has demostrado que tienes un buen corazón", dijo el hada a la chica. "Ahora te voy a conceder un deseo, sea lo que sea."
"Lo único que quiero ahora es mejorar mi apariencia, para poder hacer más amigos", respondió la chica.
"Simple", dijo el hada. "Basta con coger una la flor blanca y olerla. Dentro de una semana, notarás un cambio." Entonces desapareció.
Una semana más tarde la chica empezó a notar cambios, y poco a poco se convirtió en la chica más hermosa en el pueblo.
Su señor, sorprendido al escuchar su historia, pensó que quería una dosis de la misma magia. Él y su esposa comenzaron a llevar cubetas hasta el pozo con la esperanza de satisfacer el favor del hada. Pero en casa, las cosas empeoraron. El señor y su esposa, obligaron a la muchacha a hacer trabajos más duros que antes, y nunca le permitían salir de casa.
Un día, el señor y su esposa se encontraron con la anciana en el mismo lugar donde la chica les había indicado. Se repitió la misma rutina, y cuando pidieron una mejor apariencia y ser más jovenes, el hada les dio dos flores para oler.
Pero en lugar de ser más bellos, un pelo largo, negro, comenzó a crecer por sus cuerpos, lo que les irritó la piel. Cuanto más se rascaban, más pelo les crecían. Transcurrida una semana, el señor, su esposa y sus dos hijos se habían convertido en monos, dejándolos sin otro recurso que huir hacia la selva.
La joven y muchos de los aldeanos estaban felices, pensando que ahora podían vivir en paz, y las pertenencias del señor se dividieron en partes iguales entre los habitantes del pueblo.
Pero los monos anhelaban sus posesiones y regresaban a la aldea por la noche, llamando a todas las ventanas de todos los hogares, especialmente de su vieja casa. Allí se sentaban en el umbral hasta el amanecer, y luego regresaban a la selva.
La chica, viendo lo que sucedía, buscó al hada para pedirle ayuda. El hada volvió y le dijo a la chica que calentara algunas rejas de arado y las dejara en la puerta.
La joven lo hizo y le dijo a los aldeanos que hicieran lo mismo.
Cayó la noche y los monos llegaron de nuevo. Pero cuando trataron de sentarse en la puerta, se quemaron sus traseros en las rejas de arado. Gritaron y corrieron hacia la selva, donde han estado desde entonces. Pero la marca roja ha resistido la prueba del tiempo.


Hace muchos años, en un lejano país, vivía una hermosa muchacha que era muy hábil en el bordado, por lo que muchos hombres ricos la pretendían como esposa, pero ella no estaba interesada.
La muchacha decía:
- "Sólo me casaré con el hombre que pueda teñir hilos de un color rosa que no se desvanenezca y a
demás debe tejer diez metros de seda sin costuras”.
A poca distancia de allí, vivía un joven tejedor. Un día, un ave volando se había enredado en su telar, rompiéndose un ala. El muchacho cuidó del pájaro hasta que recobró su salud. Después de aquello, siempre permanecieron juntos ave y joven. Así cuando, aún muy joven, sus padres murieron, su única compañía fue el pajarillo. Poco antes de morir, la madre del tejedor había plantado un árbol en el patio de la casa.
Un día, el pájaro trajo noticias importantes:

– "No muy lejos de aquí vive una muchacha hermosísima" -dijo el animalillo.- "Es una hábil bordadora, y ha dicho que se casará con el hombre que pueda tejer diez metros de seda sin costuras y que tiña el hilo de rosca en un color rosa que no decolore jamás."
El muchacho eligió sus mejores hilos de seda y comenzó a tejer. Para él, tejer diez metros de seda sin costuras no era problema, pero ¿Cómo teñir la seda de un color rosa que no se desluzca nunca?...
Afortunadamente, el pájaro tenía la solución. Condujo al muchacho ante un hada, que vivía en las montañas. Ésta era también una bordadora sin rival y, después de escuchar la historia del tejedor, prometió ayudarle.
- "Todos los colores palidecen con el tiempo"- dijo el hada. - "El único tinte que no pierde color es la sangre. Debes pincharte los dedos y recoger la sangre, después úsala para teñir la seda. "
El joven siguió las instrucciones del hada pero, después de siete días, había perdido tanta sangre que apenas podía tenerse en pie. El pájaro le ayudaba, trayéndole alimentos y hierbas medicinales para curar sus heridas. Por fin tras diez días de sufrimientos, los hilos estuvieron teñidos con un hermoso tono rosa.
Acompañado por el pájaro, el muchacho llevó el fruto de su esfuerzo a la casa de la muchacha. Sus pretendientes ricos estaban también allí. Todos habían llevado sus trabajos de seda y los paquetes con hilos de rosca. La muchacha recogió los paños de seda y los hilos. Entonces tomó un pequeño espejo y una aguja, que había heredado de su padre; sostuvo el espejo cerca de la tela y, en la imagen del espejo, vio las costuras de los paños y enhebrando un hilillo rosa en su aguja, vio que el color era pálido. La muchacha repitió estas pruebas con todos los trabajos de los pretendientes, hasta que llego al paño tejido por el joven.
Mirando en su espejo, vio que la seda brillaba como un río de luz de luna. Y cuando examinó con su aguja el hilo del tejido, brilló intensamente en un color rosa oscuro. Era tan bonito que la muchacha accedió de inmediato a casarse con el tejedor. La gente corrió a felicitar a la pareja, pero los pretendientes ricos despreciados por la muchacha se marcharon muy enojados.
Uno de estos pretendientes, despechado, fue a ver al rey, un anciano que, debido a su miedo irracional al fuego, nunca había salido de su palacio. A pesar de su avanzada edad, el anciano rey gustaba de la compañía de hermosas y jóvenes muchachas. Al escuchar la historia de la bella tejedora, el rey ordenó que fuese conducida a su presencia.
La feliz pareja, entre tanto, no era consciente del peligro que se cernía sobre ellos.
Cierto día mientras la muchacha estaba ocupada en bordar una camisa de seda, su marido confesó como había teñido los hilos de aquel color rosa, entonces ella emocionada bordó unas flores en la camisa con cinco pétalos como símbolo de amor a su marido, cinco dedos ensangrentados.
La camisa era tan hermosa que la gente venía para admirarla. Una mañana acababa de ponérsela cuando aparecieron los soldados del rey, apresaron al tejedor y se llevaron a la muchacha por la fuerza. El pájaro intentó ayudarles, pero fue herido de muerte por un soldado.
El viaje hasta el palacio real era largo y cuanto más se alejaba de su hogar, más desesperada estaba la muchacha. Rasgó las flores bordadas de su camisa y las lanzó al viento, e imploró una petición: - "Por favor lleva estas flores a mi amor”.
El viento cumplió su súplica llevando las flores bordadas hasta donde estaba su esposo. Cuando por fin el tejedor llegó a la casa, se sorprendió al ver el árbol que su madre había plantado cubierto de flores rosas.
La muchacha incapaz de soportar vivir con un rey viejo, se quitó la vida ahorcándose con su camisa de seda. Cuando los soldados llegaron al palacio, fueron convocados ante el rey y explicaron que la muchacha, echando de menos a su marido, se había matado . Al oír esto, el rey se encolerizó tanto que ordenó a sus hombres encarcelar al tejedor.
Cuando, a la mañana siguiente, el tejedor volvió junto al floreciente árbol, oyó un susurro en el viento.
- "Amor mío, debo ocultar las flores antes de que los soldados del rey las destruyan, tienes que marcharte, huye lejos de aquí"
Nada más escuchar las palabras, sopló un fuerte viento que se llevó las flores.
El muchacho decidió ir a la capital, porque todavía esperaba encontrar a su esposa, pero antes, se detuvo en la casa del hada, ésta le dijo:
- "Si quieres ver a tu esposa debes matar al malvado rey, pero para tener éxito, necesitarás la ayuda del pequeño pajarillo"- advirtió el hada.
-"Pero el pájaro está muerto" - se lamentó el tejedor, - "no puedo devolverle la vida"
Entonces el hada le dijo: - "Entierra el cuerpo del ave bajo el árbol que tu madre plantó y cuando llegue la primavera y se levanten los muertos, el pajarillo volverá a la vida".
El tejedor siguió sus instrucciones y, a la primavera siguiente, unos pequeños brotes rosados aparecieron en el árbol. Días más tarde, el pájaro apareció. Acompañado por el pájaro, el tejedor reemprendió el viaje hacia la capital disfrazado como vendedor de carbón y llevando un ramillete de flores rosadas.
Cuando llegó a la corte, el tejedor se acercó a un guardia y solicitó permiso para presentar al rey las flores. El rey ordenó al extranjero que se acercase y se agachó para admirar la frescura de las flores. En ese instante, el ramo estalló repentinamente en llamas. El fuego quemó la barba del rey y las llamas se extendieron rápidamente por sus trajes hasta abrasarlo.
No era magia. Lo que había sucedido es que el astuto tejedor había colocado un pedazo de carbón encendido en el ramillete y, al acercarse el rey, había soplado sobre las brasas, provocando un pequeño fuego que rápidamente prendió las ropas del rey.
El joven encontró la camisa con la que su esposa se había quitado la vida y la enterró bajo el árbol de su madre. A la mañana siguiente, la camisa estaba cubierta de flores.
El pájaro entonces condujo al tejedor hasta un denso bosque. Dentro del hueco que había en un gran tronco de árbol, estaba el cuerpo de su esposa. Después el pájaro le dió unas instrucciones: el joven envolvió el tronco en la camisa y de repente, se quebró la madera del tronco en miles de astillas y la joven apareció, que caminando se acercó al joven. El tejedor, su esposa y el pájaro regresaron a su casa impacientes por compartir su felicidad, se presentaron a sus vecinos con las flores rosadas de su árbol. Estas flores de color rosa, ahora son conocidas como las flores del melocotonero, y son un símbolo de la dedicación y del amor. Cada primavera, estas hermosas flores reaparecen, al igual que el amor de los fieles amantes.



Vu Lan Festival, también conocido como el día de la madre en Vietnam, tiene lugar la séptima luna llena del calendario lunar.

Un día, cuando estaba meditando, Muc Kien Lien, uno de los 10 principales discípulos de Buda, vio a su difunta madre sufrir las torturas del infierno, condenada a causa de las malas acciones que había cometido durante su vida.
Vio que su madre se estaba muriendo de hambre y no tenía nada que comer. Muc Kien Lien convocó todos sus poderes espirituales para traerle un plato de arroz - pero la comida fue convertida en cenizas antes de que pudiera llevársela a la boca.
Cuando volvió de nuevo al mundo físico, le pidió a Buda sabiduría para ayudar a su madre y cumplir con su deber como hijo piadoso. Buda le aconsejó que se reunieran todos los monjes y los devotos y que orasen juntos en ese día (que este año cae el 13 de agosto en el calendario occidental).
Las oraciones combinadas demostraron ser tan poderosas que lograron la liberación, no sólo de la madre de Muc Kien Lien, sino también de un gran número de almas. Desde entonces, en la festividad de Vu Lan - también Día de las almas errantes - las puertas del infierno se abren para dar a las almas atormentadas 24 horas de distracción.


La tradición continúa hoy en día: las familias ponen ofrendas de flores, frutas, pasteles de arroz glutinoso, yuca hervida, camote y caña de azúcar para alimentar las almas de sus antepasados.
El festival es una ocasión para expresar su gratitud a los antepasados ​​difuntos, especialmente a las madres.
Durante la ceremonia, se hacen ofrendas para rescatar a un máximo de siete generaciones de antepasados ​​de cualquier miseria que podrían sufrir. Durante el mes, cada familia puede elegir un día para hacer una fiesta y quemar incienso delante de la casa para invitar a los espíritus a comer.
Después de que el incienso se ha quemado, los niños pueden disponer de la comida. Nadie les detendrá, ya que se cree que los espíritus pueden enfadarse si lo hacen.
Una tradición más de este día para expresar su agradecimiento y aprecio hacia sus madres, es visitar una pagoda, a menudo con una rosa. Miles de personas acuden a las pagodas llevando rosas rojas si sus madres están vivas o rosas blancas si sus madres han fallecido. La rosa siempre ha sido un símbolo de amor y de compartir entre padres e hijos, independientemente de su origen social.


Había un rico terrateniente que utilizaba todo tipo de trucos para explotar a sus siervos. Tenía una hija casadera muy hermosa.
Khoai vivía como sirviente en su casa desde que era un niño. Trabajó muy duro hasta llegar a la adolescencia.
El terrateniente tenía miedo de que Khoai dejará el hogar y perder a un ayudante tan trabajador. Así que un día llamó Khoai y le dijo: "Si te quedas en nuestro hogar y trabajas duro día y noche, te ofreceré mi hija en matrimonio." Khoai creyó al terrateniente y se puso muy contento. Redobló sus esfuerzos para ganarse el corazón del terrateniente.
Pasaron tres años. La hija había crecido. En la región, se encontraba el jefe de una aldea muy rico, que se fijó en la hija del terrateniente para su hijo. Por lo que el jefe de la aldea pidió la mano de la hija del terrateniente en matrimonio. El terrateniente estuvo de acuerdo y se dispuso todo para preparar la boda.
Cuando Khoai se dio cuenta de que se habían aprovechado de él, se puso como loco y fue al propietario a presentar una queja. Le preguntó al terrateniente: "Usted me prometió a su hija en matrimonio. ¿Por qué está rompiendo su promesa ahora?" Al terrateniente no le gustaba que se dirigieran a él de esa manera. Estuvo a punto de golpearlo, pero al mirar al joven, no se atrevió. En su lugar le dijo: "Hijo mío, se equivoca! Mi hija en realidad se está preparando para la boda que tendrá lugar con usted. Sin embargo, si desea que la boda se lleve a cabo, deberá cumplir con la tarea siguiente: es necesario que encuentre un bambú con cien nudos. A continuación, tendrá que cortarlo en palillos para la fiesta de la boda. Esa es mi condición para darle la mano de mi hija en matrimonio. "
Khoai nuevamente le creyó y se fue hacia el bosque en busca de un bambú con 100 nudos. Buscó durante días y cruzó la selva de un extremo a otro sin éxito. Desesperado, se sentó y lloró desconsoladamente. De repente, vio a un hombre de edad avanzada, con el pelo blanco pero con la tez de color rosa. El anciano se le acercó y le preguntó: "Hijo, ¿por qué estás tan triste?". Khoai le contó su historia. El anciano le dijo: "Ve y corta 100 tallos de bambú y tráelos de vuelta aquí". Khoai se marchó y trajo de vuelta el bambú que el anciano le pidió. El anciano entonces dio la orden: "Juntaros! Juntaros!" Los trozos de bambú que yacían en el suelo por todas partes, se agruparon todos en fila para formar un bambú con 100 nudos. Khoai se llenó de alegría. Quiso dar las gracias al anciano, pero éste había desaparecido. Se dio cuenta de que había encontrado a Buda. Se dispuso a llevar el bambú en la espalda. Pero no había manera de cargar con el bambú tan largo sobre su hombro. Se puso a correr entre los árboles. Se sentó de nuevo desesperado y se puso a llorar. Inmediatamente vio reaparecer al anciano. Buda le preguntó: "¿Por qué lloras?" Le explicó su situación. Buda señaló el bambú y dijo: "Despegaros! Despegaros!" y el bambú se deshizo en 100 tallos. Y Buda desapareció. Khoai ató los 100 tallos de bambú y volvió con ellos a casa.
Cuando llegó a casa, encontró a las dos familias que se preparan para festejar el convite. El jefe de familia de la aldea había llegado para la boda. Khoai estaba muy enojado y corrió hacia el terrateniente para pedirle nuevamente explicaciones. El terrateniente le dijo: "Te pedí que me consiguiera un bambú con 100 nudos, no 100 tallos de bambú!" Las dos familia detuvieron el festejo y se rieron burlonamente de Khoai, bromeando acerca de su ingenuidad. Khoai dijo el terrateniente que tenía el bambú en el patio y que debía salir a examinarlo. A medida que el terrateniente se acercaba a la pila de tallos de bambú, Khoai dijo en voz baja "pegate! Pegate!". Inmediatamente los tallos de bambú se juntaron y el terrateniente quedó pegado en uno de los extremos del bambú. El terrateniente trató de soltarse, pero fracasó. El futuro suegro fue a rescatarlo.
Khoai esperó hasta que el jefe de la aldea tocó al terrateniente antes de pronunciar:
"Juntaros! Juntaros!". Inmediatamente el jefe de la aldea quedó pegado junto al terrateniente. La misma suerte corrió el hijo del jefe de aldea. Cuanto más trataban de soltarse, más se pegaban entre ellos. Ambas familias entraron en pánico. Nadie se atrevió a tirar de los tres hombres para intentar soltarlos ni a bromear sobre Khoai. Se pusieron en fila y los 3 hombres le pidieron perdón, aún atrapados en el extremo del bambú. Khoai hizo prometerle al terrateniente que le daría a su hija en matrimonio y al jefe de la aldea que se comprometiera a no buscar venganza. Luego Khoai dijo "Despegaros! Despegaros!" y todos ellos quedaron libres. El jefe de la aldea y su séquito abandonó rápidamente la fiesta. Khoai se colocó en el sitio del novio y continuó la celebración!


La leyenda de los ojos pintados en los barcos provendría del mismísimo Lạc Long Quân, considerado el primer rey de Vietnam y el padre de los vietnamitas.

En aquel tiempo -allá por el 2839 a.C.- la tribu de los Viet asentada en el Delta del Río Rojo en el Norte de Vietnam se encontraba aislada del mundo por causa de unas temibles bestias y monstruos que rodeaban el territorio por mar y tierra y dirigían contínuos ataques contra la población.
Uno de estos monstruos era Ngư Tinh, un gigantesco pez que desde hacía siglos vivía en el Mar del Este y tenía atemorizados a pescadores y a navegantes que intentaran llegar lejos de la costa. Se decía que tenía una boca tan grande que podía tragarse entero un barco de hasta diez hombres. Lạc Long Quân, que descendía de una estirpe de dragones y contaba con una fuerza sobrehumana, se ofreció a ayudar a los inocentes.
Ordenó construir un enorme barco y se dirigió a la cueva donde vivía el pez Ngư Tinh. Logró engañarle para que se acercara y cuando el pez abrió la boca para intentar comérselo le clavó un tridente. Esto le produjo un terrible dolor y quedó suficientemente debilitado para que Lạc Long Quân pudiera sacar su espada y cortar la cabeza del pez, acabando con su vida. Cuando se dirigió a los pobladores de la costa para comunicarles que había terminado con la opresión de Ngư Tinh les ordenó que pintaran dos grandes ojos en la proa de sus barcos.
De esta forma, a su paso las embarcaciones asustarían a las criaturas que vivían debajo del agua. Así mismo, les dijo a los pescadores que se tatuaran figuras de animales feroces en el cuerpo para poder sumergirse y bucear sin temor a ser atacados.

Todos los vietnamitas conocen esta leyenda y es probable por tanto que si preguntamos a un pescador la razón por la cual sus barcos tienen dos ojos pintados nos responda que para asustar a los tiburones y otros peces peligrosos, ya que estos temen enfrentarse a un enemigo más grande.




Gracias Alberto por dejarme compartirlo. La entrada completa aquí.


Un día, un tigre de color marrón salió del bosque y encontró a un campesino y un búfalo de agua enorme trabajando en un arrozal. El búfalo andaba paso a paso, y el hombre pequeño a veces lo iba golpeando. Al tigre le sorprendió ver como el búfalo seguía las órdenes del campesino.
Al mediodía, cuando el búfalo estaba descansando, el tigre se le acercó y le preguntó:
-¿Por qué un animal tan poderoso y sano como tú, permite que un hombre pequeño, insignificante como él le golpee?
-El campesino, aunque es pequeño, tiene la inteligencia para hacer el trabajo- dijo el búfalo.
El tigre no entendió y volvió a preguntar curiosamente:
-¿La inteligencia?¿Qué es la inteligencia?
El búfalo, que no sabía como explicarlo, dijo:
-La inteligencia es la inteligencia. Si quieres conocerla, pregúntale al campesino.
El tigre se dirigió despacio al campesino y le preguntó:
-¿Qué es la inteligencia? Quiero verla.
El campesion pensó un rato y contestó:
-La tengo en casa, ahora voy a por ella. Si quieres, te regalo un poco.
Al escucharlo, el tigre se puso muy contento. El campesino se marchó y de repente, como si hubiera olvidado algo, dijo:
-Pero si me voy a casa, quien sabe si te comerás mi búfalo mientras no esté. Podemos atarte al árbol en lo que voy a casa a recoger mi inteligencia, y cuando regrese, te desato.- Le respondió el hombre.
El tigre estuvo de acuerdo y se colocó junto al árbol. Una vez que el tigre se sentó junto al árbol, el pequeño hombre lo ató fuertemente. Se fué y de pronto volvió con un montón de leña seca, que dejó a los pies del árbol.
Entonces, prendió la leña y le dijo al tigre:
-Esta es mi inteligencia.
Al verlo, el búfalo se puso a reír, chocando contra una piedra y perdiendo los dientes superiores, que se le cayeron todos.
Cuando las llamas llegaron al árbol, la cuerda se prendió fuego. El tigre rugió de dolor y comenzó a retorcese intentando liberarse, mientras se maldecía por preguntar sobre la inteligencia.
Finalmente logró liberarse y huyó hacia el bosque sin mirar atrás
Desde entonces, los tigres tienen rayas oscuras en su cuerpo y los búfalos no tienen los dientes superiores.


Tết Trung Thu, Festival de la Luna, Festival del Medio Otoño o Festival de los niños.
El Tết Trung Thu, como se conoce en Vietnam, es un festival muy antiguo que gira entorno a los niños. Tiene muchos siglos de antiguedad, se celebra en el sudeste asiático, y tiene lugar el día 15 del octavo mes lunar. Este año 2010, se celebra el 22 de septiembre, coincidiendo con la luna llena. Este festival es uno de los dos festivales más populares en Vietnam.
Se dice que en un principio, el festival del Medio Otoño o de la Luna surgió como una forma para que los padres recuperaran el tiempo perdido con sus hijos después de la temporada de cosecha.
La cosecha se realizaba en septiembre, (agosto en el calendario lunar) y los padres estaban ansiosos por pasar tiempo con sus hijos y hacer algo especial con ellos, así como celebrar la cosecha, después de haber pasado mucho tiempo trabajando duro y lejos de la familia. Se llevaba a cabo bajo la luna llena, lo que representaba la plenitud y la prosperidad de la vida.
Durante el Tết Trung Thu se celebran desfiles de niños por las calles, cantando y llevando farolillos de colores de diferentes tamaños. Algunas de las formas más populares son peces (carpas), estrellas (Đèn Ông Sao), mariposas, y unos especiales que giran cuando se inserta una vela (Đèn Kéo Quân) y que representa la tierra dando vueltas alrededor del sol.
Los bailes son también tradicionales, e incluyen la danza del dragón, la del león, y la de la flor. Grupos de niños pasan casa por casa pidiendo permiso para realizar la danza. Si aceptan, el "león" empieza a bailar invocando suerte y fortuna, y a cambio, reciben dinero de la suerte.
Es costumbre también dar Banh Trung Thu, cajas de pasteles de luna. Los pastelitos están llenos de semillas de loto, judias rojas, piel de naranja y tiene un huevo duro en el centro para representar a la luna.
La versión vietnamita de la festividad (de origen chino) relata la leyenda de Chu Coi, un hombre joven que encontró un árbol mágico con el poder de curar enfermedades. Se lo llevó a casa y lo plantó en su jardín. Un hombre sabio le dijo que debía regarlo únicamente con agua pura. Cuando su esposa, Chi Hang, le echó agua sucia accidentalmente, el árbol comenzó a elevarse hacia el cielo. Chu Coi, en un intento de retenerlo, se agarró fuertemente a sus raíces y acabó siendo arrastrado hasta la Luna junto al árbol sagrado. Se dice que en los días de luna llena, especialmente durante este festival, todavía se le puede ver sentado en la base de su árblo mágico, soñando con vivir en la tierra. Es por ello que los niños recorren las calles con farolillos para mostrar a Chu Coi el camino a la Tierra. Otra versión cuenta que fué su mujer quien fue enviada a la luna como castigo.
La carpa es un símbolo común durante este festival, otro cuento habla de una carpa que quería llegar a ser un dragón. La carpa trabajó duramente hasta que finalmente se transformó en dragón (Cá hóa Rông), una lección para animar a los niños que pueden hacer lo que se propongan si se esfuerzan. Hoy en día, este festival, aparte de fomentar el cariño a los niños, promueve la educación, la poesía, la danza, las artes y la artesanía.


Una leyenda vietnamita sirve como ejemplo de que los dragones recompensan a la gente que les respeta.
Existía un hombre bueno que encontró un pequeño dragón, pero su malvado hermano lo asesinó. El hombre enterró al dragón bajo un árbol, y cuando él iba, caía plata sobre su cabeza, pero cuando iba el hermano le caía barro, y por ello éste lo taló.
El hombre bueno hizo un comedero con los pedazos cortados, pero su hermano lo quemó. Entonces el hombre bueno sólo pudo hacer un anzuelo con una astilla que había quedado, pero cuando la lanzó al mar, la astilla se hundió bajo un gran torbellino, y del torbellino, salió una hermosa mujer. Dijo ser la hija del Rey Dragón y que su padre se había lastimado clavándose el anzuelo. Le pidió que fuera con ella y le llevó a través de las aguas en una burbuja, hasta su padre. Una vez allí el hombre bueno quitó con cuidado el anzuelo de la boca del dragón. El dragón, agradecido, le regalo un pequeño pececito azul, que resultó ser su hija.
El hombre bueno pidió la mano de la bella hija del Rey Dragón y juntos vivieron felices. El hermano malvado, lleno de envidia, se lanzó al mar para conseguir lo mismo. Pero el Rey Dragón sabía que había matado a un pequeño dragón, y lo convirtió en pez.


Lac Long Quan, de una fuerza sobrehumana, era hijo de Dragón y por sus victorias sobre numerosos monstruos acuáticos se casó con la Hada Au Co.
De tal unión conyugal vino al mundo una bolsa que contenía 100 huevos, que se convirtieron luego en 100 niños, 50 se fueron con el padre hacia el mar y los 50 restantes se quedaron en las regiones montañosas con su madre. El primogénito del matrimonio se auto-proclamó rey del país, adoptando como nombre el de Hung Vuong e instituyó al país con el nombre de Van Lang, que es el actual Vietnam. Luego lo sucedieron sus otros hermanos.
Así fue como surgieron los vietnamitas y los distintos grupos étnicos en Vietnam y fue la razón por la que todos se consideran "hijos de Dragón y Hada".

Para ellos es este animal fantástico quien gobierna las lluvias. Por eso, captar su benevolencia es esencial para el éxito de la agricultura, ya que tienen la capacidad de cambiar el tiempo y son los responsables de las cosechas. El fabuloso dragón es un símbolo que representa al rey, la prosperidad y la energía de la nación vietnamita. Tal como el dragón chino, el vietnamita es el símbolo del yang. Representa el universo, la vida, la existencia y el crecimiento.
El dragón vietnamita es una imagen combinada del cocodrilo, la serpiente, el lagarto y el pájaro. La adoración del cocodrilo se explica porque, históricamente, los habitantes vietnamitas siempre vivieron cerca de los ríos. Allí aprendieron a venerar a su animal sagrado.
También se han encontrado restos arqueológicos de objetos con imágenes combinadas de diferentes seres reales o imaginarios: vasijas con cocodrilo-dragones, cocodrilos-serpientes y dragones-gatos de terracota esmaltada.
Los dragones delgados representaban al rey y pasaron a formar parte rápidamente de la literatura vietnamita. Poseían cuerpos ligeramente sinuosos que se afilaban de manera gradual hasta concluir en una cola pequeña.
Su cuerpo estaba segmentado en doce secciones que representaban los doce meses del año. Los dragones vietnamitas poseen aletas, larga melena, barba, ojos prominentes y algunos de ellos presentan largos cuernos. Las piernas son pequeñas y finas.


En vietnamita, "comer" se dice an com. Traducido literalmente significa "comer arroz". Esta costumbre es muy reveladora de la importancia del arroz en la vida diaria. Según un viejo proverbio, "para hacer la guerra hace falta arroz; para hacer la paz, también".

Según una leyenda popular, antiguamente el arroz no se cultivaba, si no que era convocado con fervientes oraciones por los vietnamitas. El arroz aparecía del cielo en cada casa, en forma de una gran bola. En una ocasión, una mujer estaba barriendo el suelo de su casa como le había ordenado su marido, para dar la bienvenida a la bola de arroz. Pero la bola de arroz apareció en la casa mientras la mujer estaba barriendo, la golpeó con la escoba sin querer y se rompió en muchos pedazos. Desde entonces la gente de Vietnam tiene que trabajar duro con sus manos para cultivar el arroz.



La leyenda del sombrero cónico (Nón Lá) está relacionada con el amor maternal y la historia del cultivo del arroz en Vietnam.
Érase una vez, según cuenta la leyenda, cuando estaba cayendo un gran diluvio, bajó del cielo una mujer gigantesca que llevaba sobre su cabeza cuatro enormes hojas redondas, tan grandes como el cielo en sí mismo, unidas entre ellas por palos de bambú. Las hojas protegieron a la humanidad, entonces todavía desnuda, de la lluvia. La gigante mensajera del cielo hizo girar las hojas sobre su cabeza para disipar las nubes y las lluvias. Ella enseñó a los que la siguieron, como cultivar las cosechas. Un día la humanidad se quedó dormida mientras escuchaban las historias que ella relataba. Cuando se despertaron, la diosa se había ido.
Los vietnamitas construyeron un templo en su memoria y la honraron como la Diosa que Protege de la Lluvia. Siguiendo su ejemplo, la gente iba a los bosques en busca de hojas anchas y redondas (palma) que cosían juntas en un marco de bambú. Este se convertiría en un sombrero indispensable para los agricultores en los campos, para las mujeres barqueras que transportaban a los pasajeros por los ríos, para los viajeros bajo el sol ardiente ...


El ángel árbol tuvo 36 hijos, cada uno de los cuales ayudaba en el negocio familiar: el diseño de árboles. Cada tres años el anciano organizaba un encuentro en el que escogía un nuevo árbol entre todos los diseñados por sus numerosos hijos.
Su hijo más joven, Tieu Ly, se había casado recientemente y tenía un hijo. Tieu Ly estaba tan emocionado con su hijo pequeño que podía pasarse todo el día observándolo. Un día, mientras jugaba con su bebé, Tieu Ly se inspiró para diseñar un nuevo árbol.
Este árbol, decidió, tendría un tronco gordo con grandes hojas, y sería tan suave como la piel de su bebé. El árbol daría unos frutos deliciosos, con sabor a leche y melaza, y tendría la forma de los dedos de un bebé. Además, cuando el fruto estuviera maduro, sería fácil de coger para unas manos pequeñas.
Tieu Ly se puso a trabajar, creando un árbol de hojas enormes. Cuando su hijo fuera mayor, pensó Tieu Ly, estas hojas podrían protegerlo de la lluvia o el sol. Terminó el árbol y lo plantó en su jardín, muy satisfecho con su obra. Por desgracia, Tieu Ly no fue el único atraído por este nuevo árbol. Un pájaro gigante, viendo ese extraño árbol, se acercó a investigar. Cuando Tieu Ly le dio la espalda, el pájaro robó todas las semillas del árbol.
Tieu Ly volvió a la mesa de dibujo. Decidió que, para proteger el árbol de aves ferozes, el árbol se reproduciría por sus raíces. Las semillas permanecerían en el fruto, pero nunca brotarían.
El pájaro observaba el trabajo de Tieu Ly con interés. Esa noche, se introdujo en el jardín y se comió gran parte de la fruta. Tieu Ly se pasó muchas noches sin dormir tratando de proteger su árbol. Pero en el momento en que cerraba los ojos, el pájaro descendía y robaba el preciado fruto.
Una noche, Tieu Ly despertó por un sobresalto al ver al pájaro tirando la fruta del árbol. Tieu Ly se lanzó sobre el pájaro, pero era demasiado rápido, atrapando únicamente un puñado de plumas. El pájaro, sin embargo, se alarmó al estar a punto de ser atrapado y, a partir de entonces, se mantuvo más atento a las manos de Tieu Ly. Esto dio a Tieu Ly una idea: haría agrupaciones de los frutos y les daría la forma de una mano humana. El pájaro vio brotar del árbol lo que parecían unas manos del árbol y tuvo demasiado miedo de acercarse. La fruta, entonces, maduró y el árbol creció fuerte y recto.
Finalmente llegó el momento de que el ángel del árbol revisara los árboles de sus hijos. Tieu Ly fue el último en aparecer, poniendo su arbolito al lado de las creaciones de sus hermanos. Había unos árboles increíbles, algunos grandes, otras pequeños, y de muchos colores diferentes.
El ángel del árbol se detuvo junto a cada árbol y escuchó las explicaciones de sus hijos. Cuanto más veía, más impresionado estaba por la creatividad de sus hijos. Por último se paró ante el árbol de Tieu Ly. Cuando Tieu Ly explicó que su árbol fue diseñado para complacer a los bebés, el viejo estubo encantado. Con una risa alegre, anunció que el árbol de Tieu Ly era el diseño ganador.
Todo el mundo comentaba la entrada de Tieu Ly como el "último" de los árboles. La palabra vietnamita "última" es "cuoi", y esta palabra antiguamente se pronunciaba mal, como "Chuoi", o banana.
Hoy en día, las "manos" de un plátanero/banano tiene más de cinco dedos. Dado que a los niños les encanta comer plátanos, el árbol de Tieu Ly se ha adaptado para darles más frutas. De esta manera el banano continúa sirviendo a los fines de su creador Tieu Ly, el hijo menor preferido del ángel árbol.


Durante el reinado del rey Hung, vivió una mujer que nunca se había casado. Una mañana, cuando salió el sol, se fue a su pequeño jardín, y para su sorpresa, se encontró una huella enorme. En medio de ella, había una semilla de tomate única.
"¡Oh, cuán grande es", exclamó con asombro. "Sin duda, una marca así sólo podría haber sido dejada por un gigante."
Finalmente, su curiosidad fue más fuerte que ella, y vacilante puso su pie en la enorme huella para comparar los tamaños. Todo su cuerpo se estremeció cuando sintió una extraña sensación a través de ella, y con el paso del tiempo, dio a luz a un hermoso bebé al que llamó Giong.
Ella lo quería mucho y lo cuidó bien, pero cuando tenía tres años de edad aún no podía hablar, sentarse, o incluso girarse sobre un lado.
Fue en ese momento que los ejércitos de Ân invadieron el reino del rey Hung. Los intrusos saqueaban las aldeas, las arrasaban, sacrificaban a los habitantes de los pueblos y asolaban el campo. En vano, los valientes guerreros de la nación se sacrificaban para proteger a su amado país, pero las hordas bárbaras se extendion más y más en el reino.
El rey envió mensajeros por toda la tierra buscando a quien pudiera salvar a su gente en tiempos de peligro. Hasta que llegaron a la aldea de Giong y su madre.
Cuando la anciana se enteró del propósito de la visita de correo del rey bromeó con su hijo. "Oh mi amor", susurró, "aunque ahora eres lento en aprender a hablar y a caminar, quizás un día serás lo suficientemente fuerte como para salvarnos de los ejércitos de Ân ".
Para su sorpresa, el niño se sentó y habló por primera vez. "Madre, por favor, invite a la mensajería a nuestra casa." Luego se quedó en silencio.
La mujer, un tanto confusa y feliz, corrió a casa de sus vecinos para contarles el milagroso acontecimiento. "¿Qué debo hacer? ¿Qué debo hacer?" -preguntaba nerviosa.
"Todo el mundo considera el acontecimiento notable, y después de mucha discusión, un aldeano de avanzada edad aconsejó: "Invitad al mensajero a su hogar. Entonces sabremos lo que el niño quiere."
Cuando el mensajero entró en la casa, estaba sorprendido y enojado. "¿Qué locura es ésta?" preguntó. "Es sólo un niño. ¿Cómo te atreves a hacerle perder el tiempo a un mensajero del rey con semejante estupidez. Yo ...."
"¡Silencio!" Giong volvió a hablar con voz severa y autoritaria. "Dile al rey que hagan una armadura de hierro y un casco también de hierro de un guerrero de diez Truong de alto. Dile también que debe diseñar una espada de hierro que muchos soldados no puedan levantar, y, para soportar esa carga, un caballo gigante de hierro ".
Tal era la autoridad en la voz del niño, y tal era el aura que le rodeaba, que el mensajero sabía que no era mortal. Corrió al rey para contarle la instrucción divina.
El rey ordenó que se recogiera todo el hierro de la ciudadela y que se construyera lo que el niño había solicitado. Tardarron bastante tiempo los herreros y armeros, usando toda su fuerza y astucia para crear algo como nunca antes habían hecho. El cielo nocturno se iluminó por las chispas de sus yunques, y el aire se llenó con el sonido de sus grandes martillos contra el metal. Cuando terminaron, doce hombres fuertes no podían levantar la espada, y muchos más fueron necesarios para llevar todo el armamento al niño Giong.
Cuando se enteró de la llegada de la jubilosa acogida, la madre estaba angustiada. "La tarea de salvar este país no es una broma", le reprendió a su hijo. "La multitud se acerca con lo que solicitaste, pero sigues siendo un niño que no puede caminar ".
Giong se levantó y habló. "No se preocupe querida madre. Todo lo que tiene que hacer es traer gran cantidad de comida, más de la que puedo comer. A continuación podrá ver un cambio".
Su madre preparó una jarra grande de arroz que se comió en un abrir y cerrar de ojos. Luego otro, y otro, hasta que la casa se quedó sin alimentos. Mientras comía, él creció y creció, y hasta los vecinos trajeron frascos y tarros de arroz y mucha fruta, carne y verduras para ayudarle a crecer aún más.
Giong habló de nuevo. "Madre, necesito algo de ropa."
Los aldeanos trajeron tela y prendas de vestir de moda, pero tan rápido crecía, que tenían que ampliar las vestimentas una y otra vez.
Cuando los soldados y el siervo del rey llegaron con su preciosa carga, Giong salió de la casa de su madre. Ante ellos se encontraba un gigante de diez Truong de alto.
"Yo soy el Hijo del Cielo", exclamó con una voz de trueno.
Poniéndose hábilmente la forjada armadura, cogió la poderosa espada y se abalanzó sobre el gran caballo. Al instante cobró vida y la tierra tembló con su inhalación. Giong rozó con los talones los flancos del caballo y éste expulsó llamas y humo. Con un gran salto pasó por encima de los pueblos y campos hacia los ejércitos de Ân.
En breves momentos se encontraban ante el enemigo en su campamento del bosque. Muchos fueron los golpes de la espada de Giong, que brillaba matando a los enemigos en masa. Golpeó una y otra vez y su terrible caballo con aliento de fuego quemaba las tiendas y chozas de Ân, convirtiéndolas en brillantes, piras ardientes. Un gran temor se apoderó de los corazones de los bárbaros.
El general Ân, hizo un llamamiento para que más y más de sus hombres participaran en la lucha, pero con cada ejército que se acercaba, Giong se hacía más fuerte.
Tantas veces y tan poderosos eran los golpes que incluso una hoja forjada por los más grandes artesanos de la tierra no lo hubiese podido soportar. El hierro se rompió por la empuñadura. Sin pausa, Giong arrancó un manojo de cañas de bambú de la tierra y eliminó a sus enemigos con golpes aún más mortales .
El Giong vengativo luchó hasta que hubo matado al general. En medio día, Giong había conquistado a los invasores.
Una vez terminada su tarea, el Dios guió su caballo a las montañas de SoC. Dejó a un lado la armadura de hierro y el caso, y tocando suavemente con los talones los flancos del caballo de fuego, voló hacia el cielo.

Hoy en día, los rastros de las marcas de los cascos de la maravillosa bestia permanecen como estanques en las aldeas de Kim Ang y Ðå Phuc, que anidan en las montañas de SoC. También hay un pueblo llamado Làng Cháy (Burnt Village) que, dicen, está cerca de donde Giong y su corcel de fuego vengó a su pueblo de los que perturbaban la paz de la patria.


El Hilo Rojo es una leyenda anónima de origen chino, que dice que entre dos personas que están destinadas a tener un lazo afectivo existe un hilo rojo, que viene con ellas desde su nacimiento. El hilo existe independientemente del momento de sus vidas en el que las personas vayan a conocerse y no puede romperse en ningún caso, aunque a veces pueda estar más o menos tenso, pero es, siempre, una muestra del vínculo que existe entre ellas.

El texto literal viene a decir: Un hilo rojo invisible conecta a aquellos que están destinados a encontrarse, sin importar tiempo, lugar o circunstancias. El hilo se puede estirar o contraer, pero nunca romper.
Entre la comunidad de padres y madres adoptantes en China, esta leyenda supone una metáfora recursiva, ya que supone que la vinculación entre el hijo adoptado y los padres ya está realizada de antemano por este Hilo Rojo y favorece la fortaleza en la larga espera que hay que realizar, en la mayoría de los casos. En estas comunidades, es normal la utilización contextual de frases como "estamos tirando fuerte del hilo rojo", o "tendiendo puentes con hilos rojos" lo que convierte a la leyenda en una parte más de la jerga de utilización habitual.

Existen infinidad de cuentos y leyendas en Asia. Según su variante de región o país el hilo rojo se ata en el dedo meñique, en el pie o en el corazon... El hilo rojo no solo habla del amor, si no que el rojo simboliza la fuerza y la suerte, y el hilo es la luz que nos va enlazando a todos uno a uno... Esta leyenda surge cuando se descubre que la arteria ulnar conecta el corazón con el dedo meñique. Al estar unidos por esa arteria se comenzó a decir que los hilos rojos del destino unían los meñiques con los corazones; es decir, simbolizaban el interés compartido y la unión de los sentimientos.

La leyenda del hilo rojo dice que hubo una vez un gran emperador que murió joven. A su muerte su hijo se hizo cargo de todo el imperio. El nuevo emperador era joven, inexperto, impetuoso, y tenía prisa por aprender todo y encontrar su hilo rojo. Uno de sus lacayos le habló de una bruja que poseía toda la sabiduría del universo y sabía distinguir y ver el hilo rojo de todos los seres humanos. Así fue como el emperador mandó buscar a la bruja y le ordenó que buscara para él el otro extremo del hilo rojo. La bruja tardó tiempo en localizar el final del hilo, pero al fin le dio una respuesta al emperador. Le llevó al otro lado del río hasta una aldea destartalada en medio de la nada donde una mujer pobre vendía pan en un mercado con su bebé en brazos y la bruja le dijo al emperador: - Aquí termina tu hilo rojo emperador. El emperador creyendo que la bruja ser reía de el, enfureció, empujó a la mujer y al bebé que cayeron por el suelo rodando y el bebé se hizo un gran herida en la frente , cosa que no le importo al emperador quien en pleno ataque de ira también mandó prender a la bruja y ordenó que la decapitaran ahí mismo. El emperador se marchó de la aldea regresando a su castillo, dando por zanjada la burla que según el le había gastado la bruja y se olvidó del tema hasta pasados unos años.... Llegó el momento en que el emperador debía desposarse, y siguiendo los consejos de los integrantes de su corte debía casarse con la hija de un general muy poderoso del otro lado del río. Al emperador le pareció buena la idea ya que sabía muchas cosas sobre este general, sabía que era distinguido, honorable, muy respetado y además, según decían, su hija era una de las jóvenes bellezas emergentes asiáticas, por lo que no lo pensó dos veces y mando realizar todo tipo de preparativos para la boda. Llegado el día dentro del templo y enfrente del altar los dos contrayentes , el emperador levantó el velo de la novia a la que vería por primera vez, y su sorpresa fue inmensa cuando se dio cuenta de que esa bella mujer poséia una cicatriz muy peculiar en la frente y que le trajo a la memoria la pobre aldea y el vaticinio de la vieja bruja a la que había mandado decapitar.

Otra leyenda sobre el hilo rojo cuenta que el anciano que vive en la luna, sale cada noche y busca entre las almas aquellas que están predestinadas a unirse en la tierra, y cuando las encuentra las ata con un hilo rojo para que no se pierdan. Otra interpretación cuenta que el abuelo de la Luna ata un hilo rojo en la muñeca de cada niño que nace; ese hilo está atado a muchos hilos, que a su vez sujetan las muñecas de todas las personas con las que ese niños está destinado a encontrarse durante toda su vida.


Es un pastel cuadrado de arroz pegajoso envuelto en hojas de latania o de bananero (lo que le da su característico color verde), que contiene guisantes y trozos de cerdo salado y sazonado con pimienta. Es un plato popular en la celebración del Año Nuevo Lunar (Tet).

Banh Chung vietnamita (de 4 a 6 raciones)

Ingredientes:
- 1 kg de arroz glutinoso
- media cucharada de sal
- extracto de hojas de Dua (pueden sustituirse por extracto de espinacas)
- 500 g de judías mung
- 1 cebolla, a rodajas finas
- 200 g de lonchas de panceta de cerdo
- Sal, pimienta negra
- Un marco de madera de 40 cm x 30 cm
- Hojas de bananero

Preparación:
Aclare con agua el arroz glutinoso y séquelo bien. Añada media cucharada de sal y después remójelo en el extracto de espinacas/Dua durante 20 minutos.
Ponga en remojo las judías mung durante 2 horas en agua tibia, séquelas y retire la piel de las judías. Cocine las judías mung de la misma manera que el arroz molido y a continuación haga un puré. Mezcle este puré con la cebolla y las lonchas de panceta de cerdo. Añada sal y pimienta negra.
Coloque unos cordeles en forma de cruz en el marco de madera y después añada 3 capas de hojas de bananero. Vierta la mitad del arroz glutinoso secado y espárzalo uniformemente. Esparza uniformemente el puré de judías mung por el centro de la capa de arroz glutinoso. Vierta la otra mitad del arroz glutinoso. Doble las hojas de bananero con cuidado y ate fuertemente el cordel de bambú. Para finalizar, retire el fardo del marco de madera y cocínelo en agua hirviendo durante al menos 5 horas.


Hay dos clases de pasteles: Banh Day (redondo) y Banh Chung (cuadrado).
El pastel redondo representa el cielo y el cuadrado la tierra [los vietnamitas en ese momento creían que la tierra era cuadrada]. Las hojas de envoltura alrededor de la torta cuadrada simboliza la protección de los padres.

La leyenda del rey Hung Liên, cuenta que tenía veintidós hijos y los mandó a recorrer el planeta para que le encontraran delicias comestibles que él jamás hubiera probado.Veintiuno se fueron, pero el más joven, el príncipe Lang Lieu, se quedó en Hué, incapaz de decidir hacia dónde dirigir sus pasos. Asustado y sin saber qué hacer, Lieu se preguntaba un día y otro día y otro qué plato podría haber en el mundo que su padre, el más sabio, rico y poderoso de los reyes de la Tierra, no hubiera probado hasta entonces y dónde podría encontrarlo. Una noche, en que dormía un sueño inquieto, se le apareció un duende que le dijo: «El hombre no puede vivir sin arroz»; y le dio la receta del bánh chung. Los veintiún príncipes regresaron de sus viajes. Pero ninguno traía plato alguno que el rey no hubiera probado ya o que resultara suficientemente delicioso. Defraudado, decidió probar el bánh chung de su hijo menor. Y le gustó tanto y tanto comió de él, al haber utilizado únicamente arroz, el ingrediente básico entre el pueblo vietnamita, que le preguntó a Lieu: «¿Dónde has encontrado esta receta tan maravillosa?». Cuando el joven príncipe le contó la historia de su sueño y del duendecillo que se le había aparecido, Hung Liên quedó impresionado de la ayuda divina que había recibido su hijo y, viendo en ella una señal propicia de los cielos, allí mismo lo nombró heredero del trono.


Tao Quan, los tres espíritus del hogar, viven en las cocinas de las casas y todos los años, justo antes del fin de año, emprenden a lomos de grandes carpas un viaje larguísimo para visitar al Emperador de Jade.

Ocurrió hace muchos, muchos años, en la víspera de una fiesta del Tet. Un leñador, felizmente casado con una mujer muy dulce y muy hermosa, tiempo atrás había empezado a angustiarse porque creía que no sería capaz de ganar lo suficiente para que pudieran comer y no morirse de hambre... El leñador, de tan preocupado como estaba, se dio a la bebida. Como tenía poco dinero, sólo podía comprar vino de arroz para cocinar o vino de víbora...

Bebía y bebía,y ahora casi siempre estaba borracho. Miraba a su mujer y, en vez de sentir remordimientos por cómo se comportaba con ella,empezó a pensar que ella tenía la culpa de todo. Y se enfadaba a diario, con unas cóleras terribles contra su mujer, amenazándola y gritándole, y cubriéndola de improperios. De tal modo que un día, ella no pudo más y se marchó de la casa.

Pasaron unos años y la mujer volvió a casarse, esta vez con un cazador con el que fue muy feliz. Una víspera de Tet, un mendigo llamó a la puerta. El cazador no estaba: había ido a buscar alguna pieza que les sirviera para cenar aquella noche. La mujer abrió y enseguida reconoció al mendigo: era el leñador con el que había estado casada tanto tiempo atrás. El pobre hombre venía en un estado lamentable, lleno de llagas y medio desfallecido de hambre y frío. La mujer se apiadó de él y lo hizo entrar para darle algo de comer y dejar que se calentara junto a la lumbre. Pero no bien se hubo sentado, oyó que su nuevo marido, el cazador, regresaba a casa. Temiendo que pudiera enfadarse y, puesto que era fornido y muy hábil con las armas de caza, decidiera acabar con el mendigo, hizo que éste se escondiera debajo de un montón de paja. El caso es que el cazador tenía mucha hambre y había cobrado una buena pieza. Quiso que la asaran enseguida y prendió fuego al montón de paja. En cuanto se puso a arder, echó la pieza cobrada sobre el montón de paja ardiendo. El pobre mendigo, pensando que si gritaba o salía de debajo del fuego comprometería a la mujer y que el cazador, furioso y creyéndose engañado, la mataría, guardó silencio para que nada lo delatara. La mujer, comprendiendo que el mendigo callaba para salvarla, se lanzó ella también a las llamas para morir con él. Entonces, el cazador, creyendo que su amada se había tirado al fuego por alguna cosa indigna y cruel que él hubiera hecho, e incapaz de pensar en seguir viviendo sin ella, también se lanzó a las llamas. Los tres murieron abrasados. Pero el Emperador de Jade, que todo lo ve y al que esta historia de amor y lealtad había emocionado grandemente, se apiadó de los amantes y decidió que merecían ser recompensados.

«¿Qué haré para demostrarles mi agrado?»,pensó.

«Los convertiré en dioses, eso haré. Pero no unos dioses cualesquiera. Tres criaturas capaces de tanto sacrificio por amor serán seguramente quienes mejor protegerán los hogares de los vietnamitas ».

Y a los tres los convirtió en los espíritus del Tao Quan. Y desde entonces les encargó que se ocuparan del bienestar de todos los vietnamitas y les ordenó que vivieran en las cocinas, cerca del hogar, que es donde se encuentran la paz y la felicidad. Cada fin de año, los Tao Quan cabalgan a lomos de los grandes peces en su largo viaje hasta el Cielo. Allí le contarán al Emperador de Jade los acontecimientos del año transcurrido e implorarán que derrame buena fortuna y mejores dones sobre todas las familias. Por eso, siete días antes del Tet Nguyen Dan, los vietnamitas preparan altares con comida y agua y flores para que los Tao Quan no pasen hambre ni sed durante el largo viaje, y sueltan carpas en los lagos y ríos, de modo que, a caballo sobre sus lomos, les resulte más fácil y descansado el camino.

Cada fin de año, los Tao Quan regresan a la Tierra y, en la medianoche del último día, todos los problemas y las penas y las desgracias quedan atrás, porque los tres espíritus han convencido al Emperador de Jade de que no vale la pena que las tristezas pasen al nuevo año.



Cuenta la leyenda que en la provincia de Thanh Hoa había un pescador llamado Le Than.
Una noche, mientras pescaba, su red capturó un objeto pesado. Pensando que había encontrado un tesoro, el pescador se alegró mucho, pero cuando comprobó que se trataba de una pieza de metal alargada la tiró de vuelta al lago. Volvió a echar la red en otro lugar y al sacarla, vió que la pieza de metal había caido de nuevo en la red. Cogió la pieza de metal y la lanzó tan lejos como pudo con todas sus fuerzas. Echó por tercera vez la red al agua y cuando volvió a sacarla, la pieza de metal había vuelto allí. Sorprendido, examinó con una lámpara el extraño objeto metálico y comprobó que se trataba de la hoja perdida de una espada. No sabiendo qué hacer con ella, se la llevó a casa y la dejó en un rincón.
Varios años más tarde, Le Than se unió a la armada rebelde de Le Loi, donde rápidamente fue ascendido. En una ocasión, el General Le Loi visitó su casa, que carecía de luz y estaba a oscuras. Nada más entrar Le Loi en la casa, la hoja de la espada sintió su presencia y comenzó a brillar. Le Loi cogió la hoja y pudo leer dos palabras: Thuận Thiên (La Voluntad del Cielo). Con el consentimiento de Le Than, Le Loi se llevó la hoja de la espada consigo.
Un día, mientras huía de un enemigo vislumbró un extraño brillo saliendo de una higuera. Escaló el árbol y encontró una empuñadura con incrustaciones de piedras preciosas. Recordando la hoja de la espada que había encontrado, unió ambas partes y vió que se ajustaban a la perfección.
Proclamando haber sido elegido legítimamente para liderar la revuelta por voluntad divina, Le Loi comenzó a reclutar soldados para su ejército y su popularidad se extendió rápidamente. En adelante, no perdió ni una sola batalla ni tuvo que volver a esconderse, todos los enemigos caían ante su espada mágica. Según dicen, cuando la utilizaba se volvía más alto y conseguía la fuerza de varios hombres. Así, poco a poco, Le Loi consiguió expulsar a todos los chinos y en 1428 ascendió al trono como emperador y proclamó la independencia de Vietnam.
Un año después de su victoria, Le Loi estaba cruzando el Ho Luc Thuy (Lago de Aguas Verdes) cuando justo en mitad del mismo emergió una enorme tortuga dorada. La espada de Le Loi comenzó a moverse por sí sola de su cinturón. La tortuga entonces se acercó al barco y dijo con voz humana que debía devolver la espada mágica a su legítimo dueño, el Rey Dragón que vivía bajo el agua. Le Loi vió claro que la espada le había sido entregada para cumplir el deber de expulsar a los chinos de Vietnam y que una vez cumplido esta debía ser devuelta o acabaría por corromperle. Le Loi lanzó la espada a la tortuga que la atrapó con la boca y descendió a las profundidades del lago.
Desde entonces, el lago se conoce como Ho Hoan Kiem (Lago de la Espada Recuperada) y actualmente se sitúa en el corazón de Hanoi.


Duong era un estudiante pobre que tuvo que trabajar arduamente como obrero para pagar sus estudios.
Por otra parte, su amigo, Luu Binh, había heredado una pequeña fortuna y había quedado en una buena posición para la vida.
Cuando Luu Binh supo que Duong pasaba apuros en los estudios debido a las largas horas de trabajo que se veía obligado a realizar, determinó invitarle a que viviese en su hogar hasta la licenciatura. Los dos amigos compartieron alimentos y estudios bajo de la luz de la misma lámpara. Como sucede a menudo, Duong que era consciente de su situación precaria trabajaba duramente y pasaba largas noches de estudio.
Mientras tanto, Luu Binh, la seguridad de la abundancia hizo que se hiciese un presuntuoso y fue perdiendo interes por los estudios.
Cuando tuvieron lugar los exámenes, Duong Le superó la prueba según lo esperado, y fue designado mandarín. Luu Binh sin embargo no aprobó. El joven rico volvió a casa sin nada y despreocupado. Alegremente se perdonó a si mismo sus propias faltas malgastando su fortuna. Intentó aprobar los exámenes en otras ocasiones, pero no satisfizo sus aspiraciones. Recordó que Duong Le estaba al cargo de una de las administraciones del distrito en la zona , se tragó su orgullo y le pidió ayuda. Pero para su sorpresa, Duong Le rechazó su petición, y no solamente se negó a recibirlo, sino que además pidió a su superior que lo enviase lejos. Luu Binh caminaba tritemente con su paquetito de pertenencias colgando del extremo de un palo. A su paso iba contando su historia para desahogarse de la pena por las faltas que había cometido en su vida.
Una noche Luu Binh llegó a una pequeña posada al borde del camino donde trabó amistad con una hermosa mujer, era joven y atractiva, se llamaba Chau Long. Le dio la bienvenida con una taza de té y le escuchó amablemente cuando Luu Binh contó de nuevo la larga historia de sus cuitas. Chau lo animó sinceramente a que intentara pasar los exámenes de nuevo. Le sugirió además que permaneciese en la posada y prometió ayudarle siempre que fuese posible. Liberado de las tentaciones de la abundancia excesiva, Luu Binh se dedicó exclusivamente a sus estudios. Los días de molicie pasaron rápidamente y la época para las pruebas llegó una vez más. Cuando los resultados fueron publicados, el nombre de Luu Binh estaba en cabeza de lista. Lleno de alegría volvió al mesón con las buenas noticias, pero para su consternación Chau había desaparecido. La buscó por todas partes, mas no obtuvo recompensa.
Finalmente, el nuevo mandarín se dio por vencido y tristemente partió a su destino para ejercer su cometido. Pasaron los años hasta que un día, en el desempeño de sus funciones, Luu Binh tuvo que pasar por el distrito de su antiguo amigo, Duong Le. El recuerdo de la ingratitud de su amigo no evitó que le devolviera la visita. Sin embargo e inesperadamente esta vez Duong dió la bienvenida a su colega mandarín con gran placer y le ofreció té. En tanto que bebían y hablaban, una mujer entró en el salón, se acercó sonriente a los hombres,…y ¡Oh sorpresa! La consternación y el asombro cruzaron el rostro de Luu Binh, porque en la mujer él reconoció rapidamente a Chau, su añorada amiga de la posada Duong Le explicó a su viejo amigo lo que en verdad había sucedido.
– "Si simplemente te hubiera ayudado no te habrías reformado en absoluto"- le contó. Por lo tanto había enviado a su propia esposa para darle ánimos y ayudarle hasta que aprobase los exámenes. Había hecho aquel sacrificio en nombre de su amistad inquebrantable.
Y este es el porqué de que la gente en Vietnam cabecee asintiendo cómplices cuando alguien pone el ejemplo de Duong Le y de Luu Binh para hacer referencia a una amistad profunda, y verdadera.


Había una vez una hermosa princesa llamada Mi Nuong, que era hija del Emperador Hung Vuong, el decimoctavo emperador de la dinastía. Su radiante belleza era reconocida en todo el reino y su fama llegaba incluso a los países vecinos, de modo que muchos pretendientes venían del extranjero a pedir su mano al Emperador. Sin embargo, el Emperador no creía que ninguno de ellos fuera lo suficientemente bueno para su hermosa hija. Él quería que Mi Nuong se casara con alguien realmente distinguido y poderoso. Su madre, la Emperatriz, que estaba muy preocupada por el futuro de Mi Nuong, le dijo: “Ya es tiempo de que contraigas matrimonio, querida. Espero que tu padre encuentre a un hombre apropiado para ti”.
La princesa no pudo ocultar su emoción y felicidad. Sus preciosos ojos se llenaron de lágrimas, y dijo: “Madre, muchas gracias por tu consideración. Depende de ti y de mi padre decidir por mí. Comprendo que debo contraer matrimonio y tener niños como otras mujeres. Creo que mi padre elegirá una persona apropiada”.
Un día aparecieron en la corte dos jóvenes hombres. Uno de ellos era Son Tinh, el Espíritu de la Montaña, y el otro era Thuy Tinh, el Espíritu de los Mares. Ambos eran igualmente apuestos, distinguidos, y poderosos. La diferencia de carácter entre los dos hombres consistía en que, mientras Son Tinh era cortés y callado, Thuy Tinh tenía un temperamento feroz.
Son Tinh hizo una reverencia con la cabeza y le dijo respetuosamente al Emperador: “Mi nombre es Son Tinh. Mi reino comprende todas las montañas, y gobierno sobre todas las criaturas vivas que hay en ellas. Poseo todas las riquezas de la tierra, incluyendo a los hermosos árboles, plantas y flores, puedo invocar a leones y pájaros, puedo hacer que las montañas crezcan hasta el cielo. Deseo casarme con la princesa y prometo traerle felicidad y una vida eterna”.
Thuy Tinh se adelantó, hizo una reverencia con la cabeza y dijo: “Mi nombre es Thuy Tinh, soy el Espíritu de los Mares. Gobierno sobre todas las criaturas que habitan las aguas, me pertenecen los corales, las perlas, y todos los tesoros que hay bajo el mar. Puedo elevar el nivel del agua tan alto como la cima de una montaña, puedo hacer llover y puedo juntar tormentas. Si la princesa me desposa, se convertirá en la Reina del Océano. El más maravilloso mundo submarino y el más magnífico palacio submarino serán suyos”.
El Emperador escuchó atento a los pretendientes, pero se resistía a tomar una decisión porque ambos habían llegado al mismo tiempo y eran igualmente apuestos y poderosos. Así que les dijo: “Mañana, el primero que traiga el regalo de bodas, tendrá la mano de mi hija”. Los pretendientes abandonaron la corte y se apresuraron en volver a sus respectivos reinos con la esperanza de casarse con la princesa.
Thuy Tinh hizo que sus súbditos recogieran las mejores perlas y joyas, y los más exquisitos manjares marinos. Son Tinh ordenó a su pueblo que juntaran los mejores diamantes y las piedras preciosas más finas que encontraran. También eligió las frutas más deliciosas y las flores de fragancia más exquisita sobre la tierra para el Emperador y la Emperatriz.
A la mañana siguiente, Son Tinh y un séquito de cien personas fueron los primeros en llegar a la corte. Traían bandejas llenas de joyas y canastas llenas de mango, uvas, frutillas, rosas, y orquídeas. El Emperador estaba encantado con todos los regalos, y estuvo de acuerdo en permitir a Son Tinh que se casara con su hija. Mi Nuong se despidió del Emperador y la Emperatriz, subió al palanquín, y siguió a Son Tinh hasta su reino en la montaña.
Después de que Son Tinh y Mi Nuong hubieron dejado la corte, llegó Thuy Tinh con su séquito que cargaba bandejas de joyas y perlas, y canastas repletas de comida marina. Pero cuando se enteró que Mi Nuong se había ido con Son Tinh sólo unos minutos antes, se enfureció. Inmediatamente ordenó a sus hombres que persiguieran a Son Tinh y raptaran a Mi Nuong.
El Espíritu de los Mares gritó enardecido y blandió su espada mágica. Entonces, las criaturas del mar se convirtieron en miles de soldados, una lluvia pesada comenzó a caer, y ráfagas de viento soplaron como nunca antes. El nivel del agua creció más y más, hasta que las olas y la marea arrastraron miles de árboles y casas.
Son Tinh, que tenía su propia varita mágica, convirtió a los animales de la montaña en miles de soldados que contraatacaron. Hizo que la montaña creciera más y más, mientras las aguas subían, para mantenerse a salvo. La guerra entre Son Tinh y Thuy Tinh duró varios días. Nadie salió victorioso, y muchas vidas se perdieron. Finalmente, Thuy Tinh y sus hombres cesaron de luchar y se retiraron al mar. De todas formas, el Espíritu de los Mares nunca renunció a la idea de raptar a la princesa, así que cada año junta tormentas y hace crecer las aguas hasta la cima de la montaña donde viven Son Tinh y Mi Nuong. Pero nunca gana la guerra. Cada año, cuando la lucha entre los dos Espíritus se desata de nuevo, la gente y los animales sufren, y las cosechas y propiedades son destruidas.